sábado, 7 de junio de 2008

Mi capítulo favorito de Los Simpsons.




No recuerdo el día exacto, pero fue en esta semana.

Regresaba a la casa ya por la noche y en el canal Fox pasaron el capítulo que más me gusta de Los Simpsons, uno de las primeras temporadas, cuando Bart le vende su alma a Milhouse por cinco dólares.

Había tenido un día bastante pesado en el trabajo, y algunos proyectos externos no salieron como esperaba, así que en verdad andaba demasiado tenso, pero no sé porque, ese capítulo me agrada mucho y hasta me tranquiliza verlo.

La trama, de manera muy resumida, es como sigue:

Milhouse y Bart cambian la partitura de la música para el órgano de la iglesia, y en plena ceremonia, suena In a gadda da vida, todos extasiados y cansados en la feligresía, hasta que el reverendo Alegría se da cuenta que la música no es ningún salmo ni canto religioso. Poco después, durante el interrogatorio, Milhouse confiesa que fue idea de Bart, asustado por la descripción del infierno, y que como castigo deben limpiar detalladamente el instrumento que sirvió para su broma. En plena labor de limpieza, Bart le dice a Milhouse que lo del alma son patrañas, que no existe, por lo que Milhouse le da cinco dólares a cambio de que, previo contrato por escrito, le dé su alma. Y lo que Bart pensaba que no era real, de repente se le manifiesta en una serie de eventos infortunitos: el perro y el gato lo rechazan violentamente, las puertas automáticas no se le abren, ha perdido el sentido del humor y, sobretodo, se siente deprimido.

En fin, el capítulo creo que ya es de sobra conocido, pero hay una escena que me gusta demasiado sobre todo por el mensaje que lleva: cuando en sueños, Bart no puede remar el bote porque va sólo, se queda rezagado y triste de ver como los demás niños avanzan sonrientes en compañía de su similar etéreo. ¿Habrá alguien que nunca se haya sentido así? No lo creo.

Y aunque no me considero una persona muy religiosa, y que siendo más chavo tuve mi lapsus ateoide, más bien pendejeando de más, y que por mucho tiempo caí en el lugar común de decir que si no era comprobable científicamente no era real, me acordaba de ese capítulo, y aunque lo negaba casi siempre, es porque en el fondo, me pesaba darme cuenta que no era tan escéptico como pensaba.

Y eso que ese capítulo lo vi por primera vez hace más o menos quince años.

1 comentario:

Fabiola dijo...

Ese capitulo de los Simpsons es genial. Me encanta cuando Milhouse, dice que el alma tiene ruedas para desplazarse y que sabe nadar...Saludos.